jueves, 28 de junio de 2012

Capítulo 7.

   Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
   Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Rayuela, de Julio Cortázar.

jueves, 21 de junio de 2012

Tres.

Soy Paris y sostengo la manzana de la discordia. Me debato entre las tres direcciones que puede tomar mi vida. ¿Poder? ¿Sabiduría? ¿Amor? Se desnudan ante mí y continúo deslumbrado. Pero elijo el amor. Siempre el amor.

Soy una manzana que cae del árbol sin golpear a nadie en la cabeza, sin provocar alguna idea revolucionaria. Ruedo por el césped y un conejo con prisa aparece y me come.

Soy el bocado que duerme a la princesa. El objetivo de la flecha en el arco, temblando sobre una cabeza. El pago por la educación de un hijo y una muestra de agradecimiento. Soy quien descubre el bien y el mal al hombre.

miércoles, 20 de junio de 2012

Somebody that I used to know, Goyte.

De vez en cuando pienso en cuando estábamos juntos. Pienso en cuando me decías que eras tan feliz que podrías morir en ese mismo instante. Me decía a mí mismo que eras perfecta para mí, pero me sentía tan solo a tu lado. Y aunque sé que era amor, es un dolor que aún recuerdo.

Puedes volverte adicto a cualquier tipo de tristeza, puedes buscar en todas partes el maldito final. Pero cuando dejó de tener sentido y dijiste que al menos podíamos ser amigos, debo admitir que me alegré de que todo hubiese terminado.

Pero no tenías que por qué cortar todos nuestros lazos, distanciarte de esta forma. Hacer como si nunca hubiese ocurrido lo nuestro, como si no hubiésemos sido nada. Ya no necesito tu amor, pero que me trates como un extraño resulta muy duro.

No tenías por qué caer tan bajo. ¿Han recogido tus amigos tus discos y cambiado tu número? ¿Tiraste todos mis regalos? ¿Nuestros recuerdos? Creo que no hacía falta llegar a este punto, pero ahora simplemente eres alguien a quien solía conocer.

Aún de vez en cuando pienso en todas las veces que me hiciste daño, todas las veces que creí que era mi culpa. Quiero dejar de vivir así, dando importancia a todo lo que me dices. Dijiste que podía dejar ir lo nuestro, que no volvería a encontrarte colgada de alguien a quien solías conocer, colgada otra vez de mí.

domingo, 17 de junio de 2012

Artificial.

Quería ser exótica, por lo cambió su pelo oscuro por el fuego, y decidió esconder con él sus salvajes cejas y sus orejas ligeramente grandes. Prefería el azul para sus tristes ojos marrones. Siempre llevaba maquillaje para cubrir la cicatriz que dejó la hebilla de un cinturón en su mejilla. Las uñas postizas cubrían sus malos hábitos.

Él se enamoró de las raíces de su pelo, de las orejas que se entreveían tras el fuego. Y también de sus cejas, escondidas bajo el flequillo. Del color de sus ojos, que podía apreciar tras la lentilla izquierda mal colocada. De la cicatriz que adivinaba en su mejilla. De sus uñas, pues una quedó expuesta tras un desafortunado golpe en la taza de su caramel macchiato.

Se enamoró de lo que ella no quería ser, por eso no pudieron ser nada.

viernes, 15 de junio de 2012

Dos.

Soy un viejo mueble lleno de recuerdos. Un viejo mueble que vuelve a ver la luz tras años en el trastero. Un viejo mueble restaurado por unas manos firmes y delicadas. Un viejo mueble con su correspondiente olor a viejo y barniz.

miércoles, 13 de junio de 2012

Me declaro culpable.

Yo, confieso.

Confieso que te busco por la calle e imagino encontrarte entre la gente. Que coincidimos en el tren o nos cruzamos en la estación. Confieso que invento otras formas de conocerte y que siempre tienen el mismo final.

Confieso que te pienso en mi casa, en el metro y en el autobús. En la cafetería y cuando estoy de compras. En el coche mientras canto esa canción. En mitad de la pista de baile y en la barra del bar. Te pienso y se me escapa la sonrisa, y si la gente me mira con curiosidad no me importa, mejor que no sepan que estoy recordando tus caricias.

Confieso que estás en mi cabeza las veinticuatro horas del día. Mientras duermo, te sueño. Cuando me despierto, te busco en mi cama. Te busco tras de mí en el espejo del baño mientras me cepillo los dientes. Busco tu ayuda en la cocina mientras preparo desayuno, comida, merienda o cena. Si estoy estudiando estás en segundo plano, atento a algún desliz por mi parte para colarte en el primero, lo cual ocurre muy a menudo. Antes de dormir busco mi beso de buenas noches, y tras el segundo sueño busco las caricias de madrugada.

Confieso que pienso en ti a cada palabra que escribo y tu imagen me asalta a cada palabra que pienso. Si estoy leyendo surges con cada frase ya dicha por tu boca para despistarme y perder el hilo del relato.

Confieso que ya te imaginé antes de conocerte. Que eras protagonista en todas mis historias. Que soñaba con tus labios conquistadores y tus manos de pianista. Que dormía entre tus brazos y me despertaba con tus besos. Que me rescatabas de mí misma.

Confieso que eres mi objeto de deseo. Que toda mi ropa ya ha estado en el suelo de tu habitación, en el respaldo de tu silla y entre tus sábanas. Que he perdido varios coleteros y un par de medias. Confieso que termino siempre con agujetas y que muero por tus cosquillas.

Confieso que he imaginado, más de lo que quiero admitir, mi vida junto a ti. Dormir juntos todas las noches de la semana. Cocinar platos nuevos. Salir a cenar y al teatro una vez al mes. Hacer café o té para dos y compartir un baño de burbujas. Una gran biblioteca. Pelearnos por qué música escuchar durante la tarde. La película tras la cena. Inviernos y tormentas de verano. Las noches de hotel durante viajes fortuitos. Un enlace. El nombre de los niños. Incluso la decoración de nuestra casa.

Confieso que es por ti por lo que intento superarme, ser mejor persona, para merecer tu afecto. Confieso que busco tu aprobación en mis acciones porque sólo me interesa tu opinión.

No quiero conocer mis derechos y no me importa que todo esto sea utilizado en mi contra. Me declaro culpable. Culpable de quererte.

lunes, 11 de junio de 2012

Lo que amamos.

Amamos lo que amamos. La razón no entra en juego. En muchos aspectos, el amor más insensato es el amor más verdadero. Cualquiera puede amar algo por algún motivo. Eso es tan fácil como meterse un penique en el bolsillo. Pero amar algo a pesar de algo es otra cosa. Conocer los defectos y amarlos también. Eso es inusual, puro y perfecto.
El temor de un hombre sabio, Patrick Rothfuss.

domingo, 10 de junio de 2012

Las cosas que no nos dijimos.

Yo buscaba las palabras en tus ojos y tú mirabas tus manos vacías. Las manos que tantas veces me habían acariciado el alma.

No te dije que me dolían tus idas y venidas. La voz alzada. El tono emponzoñado. La burla, el escepticismo y la obstinación.

No me dijiste que te dolía el roce de mis manos. Los desvíos de mi mirada. Mi sumisión. Mi mutismo. Mis trastornos.

sábado, 9 de junio de 2012

Uno.

Soy una habitación cerrada durante más de tres cuartas partes cada día. La brisa fresca que entra por el balcón. Los rayos de sol que se cuelan por los agujeros de la persiana bajada.

viernes, 8 de junio de 2012

Starring role, Marina & The Diamonds.

Fuiste siempre un tipo duro. Y yo, tonta de mí, decidí jugar a enamorarte. Decidí llegar a tu frío corazón y procurarle un soplo de calor.

Debería haber aprendido que tu atención no era amor y que, con el tiempo, tampoco surgiría.

Siempre estás rígido cuando te abrazo. Es difícil mantener una conversación contigo. Nunca consigo dormir cuando estás en mi cama. Sólo obtengo de ti un latido de buenas noches y yo no puedo evitar volverme una estatua. Depresiva, porque sólo te abres cuando nos desnudamos.

A veces decido ignorarte para poder mantener el control. Pero realmente te adoro, por lo que no puedo dejarte ir. 

Me he alimentado con fantasías que cubren todo lo que está mal:
—Vamos cariño, emborrachémonos. Olvidemos que no nos llevamos bien.

Mi piel se vuelve áspera cuando me tocas. Mis labios, agridulces.
No me quieres, y nunca te diré cómo me siento.

Parece una broma interpretar cualquier papel cuando no es el de protagonista en tu corazón. Prefiero actuar sola a representar un rol secundario, si no puedo obtener el principal.

Nunca pedí amor, nunca tuve que arreglar mi corazón porque antes de que comenzara una historia siempre vi el final. Pero llegaste tú. Mi excepción. Y lo cambiaste todo. Así que esperaré que te abras, que te entregues a mí, pero sé que no vas a darme nada. Y yo sé que nunca te liberaré.

Un cordial saludo desde el infierno.

El cuento de la canción.

Toda canción está inspirada en una historia. Y toda historia inspira una canción.

Mediante la etiqueta homónima al título de esta entrada quiero reunir las historias que susurran ciertas canciones que, por no estar en nuestro idioma, muchas veces no terminamos de comprender. Será una simple traducción, aunque algo adaptada para crear una mayor coherencia.

El título estará formado por la canción y su intérprete: Canción, Intérprete.
En la historia, el texto en cursiva será parte de la letra de la propia canción, que no siempre estará ordenada. El resto, un intento de dar forma.
Al final, un vídeo de la canción.

jueves, 7 de junio de 2012

Azúcar en mi cuerpo.

Te miro. Me miras. Nos miramos. Tumbados en la cama, mis ojos recorren tus ojos. Tus ojos recorren mi cuerpo. Piel con piel. Mi mano a tu nuca. Mi mano a tu espalda. Tu mano a mi cadera. Tu mano a mi pierna. Boca a boca.

Boca a boca. Boca a cuello. Boca a oreja. Boca a mentón. Boca a pecho. Y vuelta a empezar. Y a conquistar mi territorio. Si tus labios fuesen azúcar, yo sería lo más dulce que se pudiese encontrar.

martes, 5 de junio de 2012

Caminos escabrosos.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces. Yo creo que dos tropezones no son suficientes.

En nuestro camino aparecen algunas piedras que nos hacen perder un poco el equilibrio pero conseguimos mantenernos en pie y continuar. Sólo ha sido un susto.

Con otras no hay tanta suerte. Caminas sin ver la realidad, cuando el pie golpea la piedra y, a cámara lenta, como si fueses un mero espectador y no protagonista, ves cómo va disminuyendo el ángulo que hay entre tu cuerpo y el suelo. Una mueca de disgusto. Contraes el ceño. Pones tus manos delante de la cara para evitar daños mayores. Pero la caída es inminente, no hay dónde agarrarse. Ni quien te agarre. Vas inevitablemente de cabeza. Golpeas el suelo, y se llenan de rasguños tus manos. En unos minutos, las rodillas comenzarán a cambiar de color. Te duele el pecho, la cadera. Te duele hasta el alma. Pero, como en toda caída, lo que realmente duele es el orgullo.

Duele saber que, de haber estado algo más atento mientras andabas, podrías haber visto la piedra. Culpas a las nubes por decorar el cielo con esas formas que te han hecho mantener la cabeza bien alta. Culpas a los pájaros por poner banda sonora a tu camino y mejorar el momento. Culpas a la hierba por camuflar la piedra. El río se ensucia mientras limpias tus heridas.

Y, cuando lo que más quieres es salir corriendo y olvidarlo, quedas paralizado a la orilla del río. Cae una lágrima que apartas con rabia y las heridas escuecen. Y cae otra lágrima. Y otra. Y el río ahora se desliza por tus mejillas. Y el dolor se hace más soportable, porque quiere decir que la herida se está curando.

Tropezamos para aprender. Aprender que hay momentos difíciles. Aprender la singularidad de la soledad. Aprender a clavarnos nosotros mismos la aguja en la piel y coser. Aprender que el agua calma la sed y las lágrimas el alma. Aprender el yo humilde.

Y, si tropezamos de nuevo, es para recordar lo que ya habíamos aprendido.

lunes, 4 de junio de 2012

Ya puedes salir.

¿No has tenido nunca la sensación de que dentro de ti hay algo que sólo espera que le des una oportunidad para salir al exterior? ¿Una especie de energía adicional que no empleas, como el agua que se desploma por una cascada en lugar de caer a través de las turbinas?
Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

domingo, 3 de junio de 2012

Entre el misterio y lo juvenil.

Paseando por un centro comercial una tarde de verano, te encontré. Estabas entre el misterio y lo juvenil, tan bien vestido. Tu mirada me decía: "te daré placer que aún no has conocido". Decidí hacerte mío.

Pasamos tan buenos ratos en el sofá, en la cama, en la piscina. Tumbados, sentados, recostados. Risas, miedos, sonrisas y alguna que otra lágrima. Éramos tan felices.

El tiempo pasó y, como ocurre siempre, nuestra relación se fue enfriando. Pero, aunque ya no estábamos tan unidos, yo siempre volvía a ti.

Un día te dejé ir con otra. Merecías que otras manos te acariciasen, necesitabas volver a dar todo lo que yo ya había obtenido.

Y no volviste. Y me dolió.
Odio que no me devuelvan los libros.

¿En qué momento decidimos ser lobo o cordero?

Cuando era pequeña, más que jugar con las muñecas o colorear, me gustaba leer. Y que me leyesen. Todas las noches, cuando mi padre me acostaba le decía: "por favor, papá, cuéntame un cuento". O bien se lo inventaba, aportando yo un poco de magia, o bien elegía uno de la estantería. Tengo aún el enorme libro de las 365 fábulas del que, antes del cuento, me leía la correspondiente de dicho día, aunque es cierto que no puede evitar leerlas del tirón la primera vez.

De las fábulas me gustaba, inevitablemente, conocer su moraleja: cómo el esfuerzo de la hormiga se ve recompensado cuando llega el invierno, el patito feo encontrando su hogar tras varios percances, la excesiva confianza de la liebre que le cuesta la carrera... ¡Me enseñaban tantas cosas para ser una gran persona! Del resto sólo tengo un vago recuerdo, pero sí retengo la necesidad de no cometer las meteduras de pata que esos animalitos ya habían cometido por mí. Porque es cierto que de los errores se aprende, y más cierto es aún que no sólo de los propios. ¡Qué gran hormiga iba a ser!

Ahora que soy más mayor, e intento creer que un poco más consciente de mis acciones, procuro hacer las cosas de la forma correcta. Por mí, y también por los demás. Lo considero el pago gustoso de los minutos que robaba a mi padre de descanso y a mí misma de sueño. Desde luego aprendí con el conejo, el lobo y el rey que no se da para recibir, pero también es verdad que si recibes, debes dar las gracias. Y yo intento agradecer con hechos y, por qué no, también con palabras.

Puesto que todos aquellos animalitos que no se habían portado adecuadamente siempre recibían su castigo, mi lógica me había hecho creer que la realidad en la que vivo sería un reflejo de la del bosque, charco, corral o mar donde vivían mis tutores literarios. Y ese fue el error.

Cuando creces creyendo que la justicia siempre es justa, la decepción por la realidad golpea fuerte. El lobo no tiene que pagar por las casas derrumbadas y mediante el engaño consigue comerse a los cabritillos sin repercusión alguna, el patito queda marginado, el zorro prefiere la esclavitud del perro... todo está patas arriba y no hay tierra firme a la vista. ¿Quién decidió ser lobo?

Yo no puedo evitar preguntarme: cuando sea más mayor, y supongo que algo más consciente de mis acciones, cuando tenga que contar un cuento a una personita antes de irse a dormir, ¿será lo adecuado confundir su percepción de la realidad con la utopía de que los buenos siempre ganan? ¿Tendré que añadir al final de la historia: "La verdadera moraleja es que la cigarra se hubiese aprovechado del trabajo de la hormiga de todas formas, y además se habría atribuido todo el mérito de la colecta."?

Tal vez debería comenzar a leer mi libro de fábulas en voz alta en metro, tren y autobús para recordar que, después de tantos veranos con el mismo cuento, deberíamos cerrarle la puerta a la cigarra en las narices y echar la llave. ¿Cuándo se comerán las hormigas al lobo? ¿Terminará el bosque incendiado?

La selección natural ha su trabajo, pero no es fácil adivinar si para entonces sólo quedarán lobos y cigarras o corderos y hormigas. Señoras y señores, hagan sus apuestas.

sábado, 2 de junio de 2012

Anhelo, qué bonito nombre tienes.

Anhelo tus dedos rozando mis labios.
Anhelo tus labios rozando mi piel.
Anhelo tu piel bajo mis dedos.

Más dedos. Más labios.
Más piel.

Un nuevo comienzo.

Ya nada será igual. Ni igual que antes ni igual que después. Cada minuto será diferente del anterior y del siguiente. Cada segundo. Ya nada volverá a estar como estaba ni donde estaba; todo sucederá por primera vez y sin necesidad de precedentes ni de repeticiones. Como en la realidad, donde cada momento es nuevo, y para que algo ocurra no hace falta que haya pasado antes.
El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta.

Recordatorio.

Si pierdo las ganas de volar, recuérdame el tacto de las nubes.
Recuérdame los besos de aire.
Recuérdame el sonido de nuestro batir de alas.