He recorrido un camino a ninguna parte con la esperanza de encontrar tu nombre,
pero cuando llegué
ya te habías ido.
He recorrido un camino a ninguna parte porque pensé que en cualquier otro lugar,
en cualquier otro momento,
en cualquier otra circunstancia,
volveríamos a ser nosotros.
Tú y yo. Tú, yo.
Ahora, tu yo. Tuyo.
Dijiste que esperarías.
Pero los árboles ya se han quedado sin hojas y yo sin piel de arrancármela a tiras con sus ramas.
Ya no sé si llueve o lluevo.
Y al final el frío ha calado los huesos que una vez reverenciaste.
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